y LAS ESTACIONES...
Las flores de cerezo son las
flores más antiguas conocidas en Japón. La importancia de la visión de la flor
de cerezo o Hanami, se remonta al siglo VI de la era Heian. La nobleza japonesa
adoptó la práctica no sólo de admirar la belleza de las flores, sino también en
la reverencia de sus cortas vidas. Para los japoneses, que
aprecian la belleza, la pureza y la simplicidad, la flor de cerezo sigue siendo
un símbolo de la naturaleza transitoria de la vida, de una vida que es hermosa,
pero también impermanente. La visión anual de esta flor celebra la
vida, la muerte, la cultura tradicional, y actúa como un medio de mantener la
continuidad con el pasado.
El carácter efímero de la sakura
evoca con fidelidad el espíritu y la forma de ser japonesa, que admira el
esplendor de la impermanencia de la vida y su fluir, en parte gracias a la
herencia espiritual budista que basa la comprensión del mundo en su fugacidad.
Por ello, para una sociedad que se sustenta tan firmemente en sus tradiciones,
la visión de la caída de los pétalos de la flor del cerezo resulta
especialmente evocadora al confirmarse, una primavera más, el renacimiento de
la vida como paradigma de un nuevo comienzo.
Fuente: institutoparaeldesarrollodelserhumano.
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