miércoles, 22 de marzo de 2017

LO EFIMERO


y LAS ESTACIONES...
Las flores de cerezo son las flores más antiguas conocidas en Japón. La importancia de la visión de la flor de cerezo o Hanami, se remonta al siglo VI de la era Heian. La nobleza japonesa adoptó la práctica no sólo de admirar la belleza de las flores, sino también en la reverencia de sus cortas vidas. Para los japoneses, que aprecian la belleza, la pureza y la simplicidad, la flor de cerezo sigue siendo un símbolo de la naturaleza transitoria de la vida, de una vida que es hermosa, pero también impermanente. La visión anual de esta flor celebra la vida, la muerte, la cultura tradicional, y actúa como un medio de mantener la continuidad con el pasado.


 El carácter efímero de la sakura evoca con fidelidad el espíritu y la forma de ser japonesa, que admira el esplendor de la impermanencia de la vida y su fluir, en parte gracias a la herencia espiritual budista que basa la comprensión del mundo en su fugacidad. Por ello, para una sociedad que se sustenta tan firmemente en sus tradiciones, la visión de la caída de los pétalos de la flor del cerezo resulta especialmente evocadora al confirmarse, una primavera más, el renacimiento de la vida como paradigma de un nuevo comienzo.

 Fuente: institutoparaeldesarrollodelserhumano.
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